El sábado falleció, a sus 87 años, el Bachi Barros. Rubén Adalberto Barros, de profesión carpintero; de esos que ya no quedaban aseguran los últimos testigos. El tipo que pasó su vida en el barrio, frente al club, que salía de su casa y casi se caía en la cancha de Parque Sur. El Bachi fue un extraordinario jugador de fútbol. Deslumbró en la canchita de San Lorenzo, donde soñó y gritó penales. Se recibió en la Escuela de Aprendices, donde los pensó para no errarlos.
Dicen, y él lo aseguraba, que en su carrera nunca falló un tiro penal. Con sus estudios llegó a calcular una fórmula infalible para patearlos. Según sus previsiones, con esos datos era imposible marrar un tiro desde los 12 pasos. Estudió y lo anotó en un cuaderno, ya amarillento por el paso del tiempo. El mismo escondía una fórmula donde a los arqueros se les haría imposible atajarlos. Y con él bajo el brazo contó mil anécdotas a quienes se aprestaban a escucharlo.
Se fue el Bachi, refutando leyendas. Con sus cuentos, su cuaderno, sus muebles y todos los penales que fueron goles. Los arqueros se sienten más seguros. Los penales salen por las noches y bajo la luna de la República lo abrazan en cada gol.
(Acompañamos a su esposa Antonia; sus hijos Polo y María; sus nietos Belén, Francisco, Bianca y Victoria; sus hijos políticos, Daniel y Nora).
Por Marcelo Sgalia.
